30.6.08

PUDIMOS


Todavía tengo la voz rota de gritar mientras veía, junto con otros 20 millones de personas, el partido de la Final de la Eurocopa entre España y Alemania. Aún tengo en la retina el gol de Torres, ese gol que parecía en cámara lenta, un gol inesperado que nos salvó de una prórroga que no creo que hubiesen aguantado ni nuestras gargantas ni nuestros nervios. A estas alturas de la noche todavía oigo el pitido del árbitro señalando el final del partido y los gritos y aplausos de los que vieron el partido conmigo. Finalmente, pudimos.

Seguramente a nadie le choca que escriba en primera persona del plural. Nosotros ganamos a Suecia en el descuento, nosotros llegamos a cuartos y nos enfrentamos a los italianos y todos queríamos venganza y penalties por la afrenta del Mundial 94 en EE.UU. Aquel codazo se lo llevó Luis Enrique en la cara, y el país entero en el alma. Nosotros llegamos a semifinales y barrimos a los rusos del mapa, que venían fuertes tras derrotar y dejar reventados a la potencia naranja de Holanda. Nosotros llegamos a la final y metimos un gol con la pierna de Torres, que era la nuestra. Y nosotros hemos ganado la Eurocopa. Y no he encontrado aún a nadie que haya intentado quitarse el "nosotros" de encima.

Todos hemos cantado durante todo el torneo el jingle diseñado por Cuatro para esta Eurocopa: "Podemos". Hasta sin pensar hemos cantado en alto y sin venir a cuento: "Podemos"... ¿o no?


Me acordaba de la canción que Mecano compuso para la noche de Nochevieja que decía "entre gritos y pitos los españolitos hacemos por una vez algo a la vez". Los españolitos menos los canarios, que lo hacemos una hora después. Pero durante esta Eurocopa sí. Todos a la vez y sin chorradas políticas, sin independentismos absurdos, sin nacionalismos. Los vascos, los catalanes, los gallegos, los canarios, los andaluces, los castellanos, los extremeños, los aragoneses, los valencianos, los murcianos, los asturianos, los navarros, los ceutíes, los melillenses, los mallorquines y resto de baleares... todos,

TODOS, gritamos por una vez con el corazón galopando y las manos rotas de aplaudir

ESPAÑA, ESPAÑA.


Quien diga que el fútbol son 22 tíos multimillonarios en calzoncillos dando patadas a una pelota... es que vive en otro planeta.


(Viví el Mundial de México 86, donde Eloy falló un penalty contra Bélgica en los cuartos de final. Después de un 5 a 1 a Dinamarca, nos quedábamos en penalties y en cuartos otra vez. Viví la Eurocopa del 84 en Francia y aquel cántico de "Sí, sí, sí, España va a París". Viví aquel partido, también en una final, donde Platini lanzó un cañonazo a Arconada, nuestro portero histórico y vi cómo el balón se le escurría entre los dedos después de pararlo y perdíamos la final, que ganaban los franceses en casa. Viví el Mundial de Corea, donde en cuartos Joaquín lanzaba un penalty a 10 kms por hora justo a las manos del portero coreano y nos apeábamos del campeonato. Viví el Mundial de Alemania, donde Francia nos dejaba fuera y el árbitro sacaba mis instintos asesinos.

Y hoy vi a Palop, nuestro portero suplente, con la camiseta de Arconada puesta, como símbolo de todo lo que el fútbol nos debía y vi cómo Platini la reconocía mientras le imponía la medalla de campeones de Europa a la Selección Española.

Nunca he visto una selección igual, exceptuando la que formó el inolvidable Miguel Muñoz con Buyo, Señor, Maceda, Goikoetxea, Camacho, Víctor, Gordillo, Carrasco, Santillana, Sarabia y Rincón, la histórica del 12 a 1 a Malta.
Tantas desilusiones... había pasado toda mi vida sin ver ganar un gran torneo a España... pero ha merecido la pena).

PUDIMOS.

29.6.08

Las reglas del juego


Siempre me han gustado esos días en que uno se da cuenta de las cosas y las acepta sin dudas ni temores de ninguna clase. Me gusta descubrir que las cosas son simples y que soy capaz de darme cuenta.

Todos los juegos tienen reglas. A veces las ponemos nosotros y a veces jugamos con las reglas de los demás, aceptándolas. Muchas veces me vi en la vida enfadada o dolida o desilusionada porque esas reglas acababan siempre por no gustarme. Me creía una víctima de otros, cuando las reglas las había aceptado yo. Y hoy, con una clarividencia tan grande que aún me asombra, lo veo todo como es; ni más ni menos que como es.

Llevo demasiado tiempo jugando a un juego. Un juego que he controlado, pero con unas reglas que yo no había puesto. Jugaba a comer un sabroso pastel, no lo niego. Pero un pastel que nunca cocinaba yo; un pastel que a veces me ofrecían cuando no tenía ganas de dulce y que me negaban cuando necesitaba ese azúcar más que nunca.

Ayer, mientras confesaba su historia, me di cuenta de que en el juego no todos teníamos las mismas reglas. Descubrí con una claridad pasmosa que la peor parte del pastel me la estaba comiendo yo. En su ley del embudo, me había tocado el lado estrecho.
Al cabo de un rato me acerqué a besarlo. Lamenté que no me hubiese visto nunca. Que a mí nunca me hubiera llamado, que nunca me hubiera llevado a tomar nada a ninguna parte. Que nunca me hubiera dado la oportunidad de contarle mis secretos. Y que nunca hubiera hablado de mí a nadie. Y no lo había lamentado nunca porque tampoco sentí la necesidad de que lo hiciera, ni siquiera el deseo de hacerlo. Lo que lamenté fue ser la única que no tuvo nunca la oportunidad.
Ahora las reglas del juego las iba a poner yo. Yo sabía que aquélla sería nuestra última vez. Pero no se lo dije.

Antes de que se marchara le regalé una botella de su bebida favorita y me comporté como si siguiera dispuesta para el próximo encuentro. Fingí seguir aceptando las reglas y ser la estúpida que siempre creyó que era...
No entiendo cómo no se dio cuenta de que me despedí de él más de una vez esa noche. Aunque, a decir verdad, sí que lo entiendo...

Él nunca se dio cuenta de nada.

28.6.08

Triángulos perfectos

Hubo un tiempo en que la amistad era pura, fácil.

Hubo un tiempo en que uno pensaba que los amigos estarían ahí para siempre, contra viento y marea.

Hubo un tiempo en que dos era la ausencia de otro y tres nunca fue multitud.

Hubo un tiempo en que la figura más perfecta del mundo era el triángulo. Equilátero. No importaba de qué lado lo miraras: sus lados eran iguales.

Hubo un tiempo en que todo parecía perfecto y eterno.

Hubo un tiempo en que podíamos vivir de sueños comunes, aunque supiéramos que no los íbamos a cumplir.

Hoy es momento de recordar que aquello existió de verdad. Que por una vez existió el triángulo más perfecto del mundo y que yo fui uno de sus lados.

video

Donde el orden alfabético perdió su nombre y el miedo a la verdad



Amistad.- Dícese de la alucinación sufrida por un individuo en estados ebrios o de necesidad que consiste en confiar secretos y estados de ánimo positivos o negativos a otras personas que acaban traicionando al individuo que sufre dicha alucinación.

Amor.- Dícese de la alucinación recíproca cíclica sufrida por dos individuos en estados de necesidad que consiste en confiar ciegamente en el otro. Estas alucinaciones vienen acompañadas de fuertes estados de deseo sexual meramente temporales que, al acabar, acaban también con la alucinación. Suelen quedar restos reconocibles en la necesidad del otro, aun cuando la alucinación haya pasado. Pero quien lo sufre sólo padece un síndrome de abstinencia que se renueva cuando la alucinación se vuelca en otra persona.

Besar.- Traspaso de saliva y virus de una boca a otra, como preliminar del acto sexual. Hay quien realiza el traspaso basándose en el amor. (ver "amor")


Esperar.- Acción de perder el tiempo en pos de algo que nunca va a llegar.

Conclusión.- Aplícase al justo momento en que un individuo está hasta los cojones de pensar.

Superación.- Dícese de la breve tregua que se da a sí mismo un individuo para coger aliento y volver a revolcarse en su propia mierda a la mínima oportunidad.


Decepción.- De variable duración, dícese de la circunstancia en que un individuo logra ver la realidad sin nungún tipo de amortiguación artificial.


Promesa.- Dícese de la frase pronunciada en falso con el fin de callar o tranquilizar a otro o a uno mismo. El nivel de la falsedad por lo general es directamente proporcional al nivel de lo prometido.

Encoñamiento.- Gravísima alteración que consiste en transformar una realidad en otra totalmente diferente. Por lo general, quien padece el encoñamiento pierde cualquier facultad de razonamiento cabal y un adormecimiento de los sentidos que impide la llegada de sensaciones negativas de cualquier tipo. Cuando la alteración pasa, deja como secuelas grandísimos arrepentimientos, impedimento de autocomprensión y promesas de no volver a sufrir dicha alteración. (ver "promesa")



Apoyo.- Acción de fingir entender y acompañar a alguien con el fin de cobrarle el favor con intereses. Aunque puede ocurrir que uno se quede esperando a que se le devuelva. (ver "esperar")



Aprendizaje.- Proceso por medio del cual el individuo cree haber escarmentado de sus errores hasta que se presentan problemas nuevos, comenzando el proceso nuevamente. En la mayoría de las circunstancias, el proceso no se ha dado en absoluto, creyendo el individuo que ha superado el obstáculo, hasta que se vuelve a presentar y vemos lo falso del proceso anterior. (ver "superación")



Principios.- Lista imaginaria mental que uno dice respetar o cumplir con el fin de no mostrarse como el ser sin escrúpulos que es ante los demás. Basta con estímulos sexuales o económicos para descubrir la inexistencia o, en su defecto, la fragilidad de los mismos.


Dignidad.- Recurso de autodefensa en que un individuo se refugia cuando cree que ya se ha arrastrado lo suficiente. Este mecanismo de defensa suele aparecer en frases tales como "¿crees que no tengo dignidad?", sabiendo el propio individuo que, efectivamente, carece totalmente de ella, pero que debe intentar que el otro crea la posee. En realidad es sólo un espejismo dirigido hacia los demás. Tras intentar lograr por todos los medios algún fin que no se ha logrado, se finge renunciar a él, refugiándose en la susodicha dignidad y principios. (ver "principios")


Firmeza.- Cualidad de lo firme. Como las decisiones tomadas por un individuo sin visos de cambio, a las que les basta un pequeño estímulo para que varíen.


Decisión.- Intención inicial de realizar un acto u omitir otro. Como la firmeza, es muy susceptible a cambios al mínimo estímulo externo. Pueden entrar en juego para su conservación la promesa y los principios. (ver "promesa", "principios")


21.6.08

Cuidado con lo que sueñas...


... porque puede cumplirse.


Soñé que un día, sin esperarlo, me besarías con pasión contenida.
Soñé que te correspondería.
Soñé que en ese momento sería feliz.
Soñé que me abrazarías como a una mujer.
Soñé que podría tocarte sin pedir permiso.
Soñé... soñé que eras mío.
Y mi sueño se cumplió.
Pero se me olvidó soñar que duraría.
Se me olvidó soñar que me querías.

11.6.08

Exorcizando un sueño


Me desperté... la habitación estaba a oscuras. La casa estaba extraña. Esa noche dormía en la cama de mis padres. A veces, cuando me quedo sola en casa, me da tranquilidad dormir en el cuarto de mis padres.
Noté una oscuridad que no me gustó y, con un extraño nerviosismo, me levanté y me acerqué al interruptor para dar la luz. Sentía ese miedo extraño de las pesadillas en las que uno sabe de antemano que no va a encenderse y que va a sentir terror. Lo toqué, nerviosa... y la luz no se encendió.
Impaciente, salí al pequeño pasillo, intentando encender la luz del baño.
- Sólo quiero luz, luego ya pensaré en cómo tranquilizarme.
Tampoco había luz en el baño. Opté, ya con la respiración entrecortada, por encender la del pasillo. Sabía que tampoco se encendería y así fue. Sentía un mareo muy extraño, apenas podía mantener el equilibrio.
Apoyándome de las paredes, con un miedo que me hacía sollozar sin poder llorar, fui poco a poco hasta la puerta de la calle. Me faltaba el aire.
Miré fugazmente el cuadro de las palancas cerca de la puerta y me di cuenta de que iba sólo con calcetines, así que preferí no tocarlo.
- Te electrocutarás si lo tocas - dijo una extraña voz dentro de mi cabeza.
Salí al rellano, me di cuenta de que sólo llevaba puesto una camiseta amarilla y los pequeños calcetines, pero el miedo me impedía volver a entrar en mi casa. El rellano también estaba totalmente a oscuras, mínimamente alumbrado por la luz de la luna que entraba por la ventana de la escalera. Bajé los escalones con dificultad pero muy rápido y empecé a notar que me faltaba más aún el aire. Tenía la certeza reveladora de los sueños de que me iba a dar un infarto.
Llegué al patio del edificio, el enorme patio lleno de árboles oscuros que parecen cobijar pajaritos y mariposas por el día y monstruos de noche. Hacía viento, muy fuerte y ruidoso y me daba miedo el murmullo de las hojas y las ramas de los árboles. Tenía que darme prisa o moriría de un infarto en medio del patio, de madrugada, asustada, con frío, como nunca quise morir: de noche y sola.
- Así no, por favor- pensé aterrada - No aquí.
Intenté acelerar el paso. Me dolían los pies de pisar las pequeñas piedras del patio, notaba claramente el dolor punzante clavándose una, luego, otra, pero lo único que me importaba era llegar al Centro de Salud que hay enfrente de mi edificio. En la puerta del patio, la que sale a la carretera, había un niño sentado, jugando ausente con sus propias manos.
"Mi salvación", pensé. Pero también presentía, como en mis pesadillas, que no iba a ayudarme. En mis peores sueños nadie me ayuda. Me miró asustado, lleno de pavor, con los ojos más abiertos de lo humanamente posible. Yo entendía qué podía haber visto en mi cara para que se asustase así, lo pensé con mucha claridad y también con una tristeza desoladora.
- Me estoy muriendo, llama a alguien, por favor- dije a duras penas con la respiración acelerada ahora totalmente y la voz casi afónica. Asustado, huyendo de mí, corrió hacia la calle y sólo pude estirar el brazo para suplicarle sin palabras que no me dejara allí. Notaba la muerte tan cerca ya...
Vi el Centro de Salud tan cerca... así que decidí hacer el último esfuerzo para llegar a la puerta y que me recogieran allí. Crucé la calle agarrándome el brazo izquierdo ya paralizado, a tropezones y, muerta de terror (porque eso era lo que sentía: terror), llegué a la puerta. No había nadie. Nadie en ninguna parte. La calle también estaba a oscuras, como en todas mis pesadillas. Una oscuridad más tenebrosa que la verdadera oscuridad; una oscuridad llena de soledad y de miedo. Vi la puerta de una casa cercana y decidí tocar el timbre. Oí las 4 campanadas del reloj de la iglesia, eran las 4 de la madrugada, pero yo tenía que buscar ayuda.
Me abrió un hombre de unos 50 años, tal vez algunos más, apoyado en una muleta de hierro. Me miró, interrogante, algo asustado en un principio. Cuando intenté explicarle que llevaba un buen rato sin poder respirar y que iba a morirme, la voz no salió de mi garganta. Movía los labios y no salía nada.
- No, ahora no puedo quedarme sin voz. Por favor, que salga la voz, por favor, Dios, ¡¡haz que pueda hablar!!
El hombre me miró y su mirada cambió a la maldad pura. Supe que creyó que le estaba gastando una broma y vi cómo su boca empezaba a abrirse y empezaba a gritar. Me aterroricé de oír los gritos, unos gritos fuertes, con la voz quebrada de la rabia. Era una voz atronadora, como si hubiesen puesto el sonido a menos revoluciones, se oía lento y grave, pero a un volumen ensordecedor. Vi cómo empezaba a blandir la muleta, también como a cámara lenta, cada vez más fuera de sí, mientras yo seguía sin poder articular una palabra, apretándome la garganta en un último esfuerzo de poder hacer algún sonido. Pero era inútil. Caí al suelo de rodillas, el brazo izquierdo ya no lo sentía y empecé a llorar. No podía más. Cuando levanté la vista para suplicarle una vez más por mi vida con los ojos vi que había agarrado la muleta con las dos manos y la tenía levantada para matarme con ella. Su cara se había transformado; si el odio tuviera cara, sería la cara misma de aquel hombre, estoy segura. Levanté el brazo que podía mover, para cubrirme la cabeza del golpe que me venía encima y noté que mi voz por fin salió.
- ¡¡Ayúdeme!!
... y pensé que ya era tarde, porque el grito salió justo cuando la muleta me iba a partir la cabeza en dos.
Sólo oí "¡¡Ayúdeme!!", entre sollozos. Fuerte, claro. De hecho, fue mi propio grito el que me despertó.
Estaba en la cama de mi madre, con el brazo izquierdo debajo de mi cuerpo, entumecido por completo. La cabeza pegada a la almohada boca abajo, no podía respirar... y oscuridad.
Noté que el corazón se me iba a parar y que tenía la cara llena de lágrimas. Me levanté como pude, sin sentir el brazo e intentando coger aire a bocanadas. Sentía todavía el pánico de la pesadilla. Tenía todavía miedo de que el corazón se me parara. Y sentí miedo de saber que estaba sola en casa, de que me había levantado de la cama, como en mi pesadilla, de caminar hacia la puerta, de ver el pasillo a oscuras, igual que hacía un rato en el sueño, era una réplica exacta de cada detalle de lo que acababa de soñar.Me acerqué al interruptor rezando, con el corazón galopando y los sollozos de niña pequeña, muerta de miedo.
- Por favor, que se encienda la luz...
Amaneció. Desperté con la cabeza tapada como una niña pequeña y, junto con la luz del Sol que se colaba por la persiana, noté la luz artificial de la bombilla, con la que había dormido encendida a partir de las cuatro de la mañana.


(Esta locura sin sentido fue una pesadilla que tuve en Marzo de 2007. Necesitaba exorcizarla porque no he logrado superar aquel miedo todavía. Después de esa noche, estuve una semana con casi 40 de fiebre y migraña aguda. 7 días sin poder casi andar por los mareos y el dolor insoportabe dentro de la cabeza, como una pesadilla constante. Prefiero pensar que la pesadilla ocurrió por el extraño virus que dijeron que estaba incubando... y no al revés)

7.6.08

Guapos de una época

Creo que soy más vieja de lo que quiero pensar. Buscaba imágenes de todas quellas caras que marcaron mi infancia. Unos cantaban, otros aparecían en series o películas y todos eran guapos oficiales. No siempre estuve de acuerdo porque mis gustos siempre se han calificado de "raros" entre mis amigas, que aseguran que jamás pelearemos a causa de un hombre porque nunca coincidiremos en gustos. Los de mi quinta, ¿se acuerdan de..?


El cantante Iván. Sólo recuerdo una canción que fuera un bombazo, sería por la edad. Era un ángel rubio con mirada inocente y voz de "castrato". Por mucho que me empeñé no encontré imágenes suyas en la actualidad, pero lo vi en un programa de TVE donde cantó el éxito de entonces y parecía su propio abuelo. Calvo cual bola de billar y dos Ivanes dentro su cuerpo.
El tiempo... que no perdona.


David Hasselholf, "Maiquelnái" para todos los de mi época y "michbucanan" para los más recientes.
Aquel verano en que pasaron por televisión "El Coche Fantástico" fue el primer verano en que no bajaba a la piscina o a la playa a mediodía. Era como ir a misa. Con aquella cabellera ochentera que tanto daño hizo a la imagen de muchos guapos y guapas, vestido de cuero de pies a cabeza como un demonio moderno. El pobre Michael Knight, un hombre sin vida sexual ni social. Todo el día a bordo de aquel coche endemoniado que no dejaba de hablar y, quién no pensó que este tío era idiota... Si el coche se conducía solo, para qué leches cogía él los mandos. Si es que estaba claro que iba a acabar paseando medio desnudo en una playa con un flotador rojo donde la gente se ahogaba a dos metros de la orilla. Por cierto, qué playa más rara: era de arena, pero el fondo de piedra ¿se acuerdan?
A David Hasselholf lo grabaron sus hijos borracho perdido, comiendo comida del suelo y ahí acabó lo poco que le quedaba de imagen. Bastantes años que disfrutó de ser guapo oficial. Hala.



Kirk Cameron, guapo oficial donde los hubiera en los años 80. Se hizo popular con la serie "Los Problemas Crecen", donde hacía el papel de hijo reblede de un psiquiatra y una periodista. La familia perfecta de los sitcoms yanquis. Pero, ojo, analizando el papel del chaval en la serie, menudo futuro le podía esperar. Mentiroso, patrañero, gigoló, metía en líos a todo a aquel que tocaba o se topaba por el camino. Al final sus papaítos le daban el sermón moralista de esas series y él fingía aceptarlo y ser mejor persona. O bien acabó de quinqui esquinero pidiendo dinero a su hermana la empollona para sus trapicheos o bien acabó de presidente de Estados Unidos. Pero los grises no existen para las personas como el chavalito que representaba en la serie. Guapo antes, guapo ahora. Nunca se ha sabido de nada importante en su carrera después de aquello... pero sigue de buen ver el muchachito.


Tino, de Parchís. Para todos era el guapito del grupo. A mí me gustaba el rubio que hacía de dado, qué quieren que les diga. Me vestí con 8 años de ficha amarilla en Carnaval y en el instituto de ficha azul en una Escala-en-Hifi.
Tino era la ficha roja, el líder indiscutible del grupo de canciones tragables sólo por los niños que éramos entonces, inocentes y con menos de ni puta idea de nada de la realidad de la vida. Eso sí, no me arrepiento de haber sido niña cuando me tocó serlo. ¿Acaso no piensan en las caras de esos cinco enanos cuando ven un parchís de verdad? La ficha roja siempre será Tino, la amarilla, Yolanda, etc.
Intentó una carrera en solitario, pero ya se sabe, hay roles que uno no se quita de encima jamás y que son un arma de doble filo a a larga (piensen el trauma que me llevé cuando vi que House era el padre de Stuart Little. O imaginen a William Petersen, Grissom en C.S.I, haciendo otro papel). El pobre, con sus canciones para adolescentes no se comió nada. Todos querían que se vistiera de rojo y diera saltitos.
Perdió un brazo en un accidente, donde un camión se lo llevó de cuajo por llevarlo por fuera de la ventanilla. Creo que ahora trabaja en una agencia de publicidad o algo de eso leí no hace mucho.
Ni fue guapo en su momento ni lo es ahora, al menos para mí. Pero será siempre la ficha roja... Oye, a otros más guapos y mejores no los recuerda ni su madre.
Richard Dean Anderson, ese pimpollo peludo que con una oveja y un cocodrilo se hacía un suéter de Lacoste en menos que cantaba un gallo. Sin llegar al extremo de las hermanas de Marge Simpson, sí reconozco que me enganché los Sábados por la tarde a la serie. Lo que nunca logré entender es cómo siempre lo hacían prisionero en almacenes llenos de cables, motores, destornilladores, tachas y martillos por doquier. Yo cogí Electrónica en el instituto por no tener que estudiar y para aprender todas esas cosas que a MacGyver tan bien le resolvían la vida. Me quemé un dedo con un soplete y me cambié a Francés. Está mejor de madurito que de guayabo. Sí señor.
Michael J. Fox. Ese eterno jovencito por el que los años parecían no pasar. También saltó a la fama con una serie yanqui que no logro recordar, aunuqe su salto definitivo a la fama lo consiguió con la saga de aquel bombazo, intragable hoy, de "Regreso al Futuro". Recuerdos las discusiones sobre el título, que debía ser "Regreso al Pasado", pero no: estaba correcto. La película se desarrollaba en una época pasada a la que se trasladaban con aquella mierda de pseudo-deportivo tuneado al máximo y debían volver al "futuro" visto desde aquellas épocas, que era en realidad el "presente". En fin, allá ellos y sus títulos. En inglés el juego de palabras tenía más sentido.
Después de la saga hizo una serie que se desarrollaba en la Casa Blanca. La pasaban por TVE, en la 2, pero no triunfó.
Los años sí que han pasado por él, aunque el Parkinson no le ha beneficiado en nada a su imagen.
Fue un guapito oficial al que también se le pegó un papel cinematográfico del que nunca ha logrado desprenderse, cosa mala.
Juan José Artero, Javi de Verano Azul. Otro guapo oficial que a mí no me gustaba. Me gustaba Quique, lo que yo digo. La rarita en gustos. A ése sí le ha ido bien. Antonio Ferrandis fue Chanquete hasta su muerte y eso que era el protagonista de la película de José Luis Garci que se llevó un Óscar, "Volver a empezar". Pues nada, Chanquete forever.
Juanjo Artero ha triunfado y sigue triunfando como policía en la serie "El Comisario", aunque a veces uno no puede evitar pensar que es el mismo Javi de mayor, que se hizo madero y ya está.
Nunca me pareció guapo. Esas pintas que tenía en Verano Azul de mariquita melenuda y la pinta de ahora de chulo de playa... No, Javi... digo, Juanjo, no.

Qué decir de José Luis Fernández, nuestro Pancho de Verano Azul. Joder, esto es la otra cara de la moneda. Muchas leyendas urbanas han corrido desde entonces sobre su persona: desde drogadicto a sidoso pasando por todo lo que se puedan imaginar. Lo que sí parece ser cierto es que sufrió una esquizofrenia juvenil de la que no se ha recuperado. Hacía el papel de niño del pueblo, desgraciado perdido, que vivía con unos tíos que lo trataban de un modo digno de denuncia hoy en día. Explotado laboralmente y maltratado física y psicológicamente. Recuerdo el capítulo donde Pancho aparecía con una coneja en la cabeza de agüita y contaba, entre las risas de todos los demás, que su tía le había dado un sartenazo en la cabeza. Que lo haga ahora, la bruja, para que vea dónde acaba.
Un chiste muy cruel contaba que Javi había acabado en "Policías" y Pancho en "Chaperos".
¡¡Un respeto a los ídolos de la niñez, hombre!!
David Summers, el cantante de Hombres G. Dios mío, lo que cambian las cosas y los gustos. ¿Se han parado a escuchar cualquiera y digo CUALQUIERA de las canciones de los Hombres G?
David Summers era el niño pijo hijo de Guillermo Summers, un humorista director de cine, que le dio entrada en un programa de televisión para que cantara con su grupo el tema "Venecia" y de ahí en adelante todo vino rodado. Años de éxito con canciones disparatadas, románticas y algunas un poco "porno" para la moralidad de los 80 que, aunque no lo crean, era mucha.
Con sus polos Lacoste, sus vaqueros Levi´s y sus zapatones, se metía en sus canciones con los pijos... tenía guasa el tío. Ni siquiera sabía cantar. A día de hoy, sigo sin entenderlo. Y que conste, que yo me las sabía todas, a ver quién no. Todas mis amigas llevaban sus cintas hasta cuando iban al baño y por repetición entraron todas en mi cabeza. A mí me gustaba Rafa, el guitarrista, un golferas de pelo de punta.
Hoy en día el Summers no está mal, le han sentado bien los años. Cuando decidió sacar otro disco después de tantos años, me di cuenta de que sigue siendo el mismo insulso de siempre. No me molesté ni en piratearlo. Algunas canciones antiguas sí, para las fiestas, que hacen mucha gracia cuando una lleva unos rones de más encima.
Dios mío, Pierce Brosnan. Éste es como el vino, mejora con los años. Saltó a la palestra con la serie Remington Steele, donde interpretaba el papel que mejor le va: embaucador encantador de serpientes. Era un criminal de poca monta, un "ladrón de buen corazón", como El Dioni, pero dos millones de veces más guapo... o tres millones, sería más correcto. Aparecía de casualidad en la agencia de detectives que llevaba una mujer y se hacía sueño y señor del cotarro, eso sí, por ayudar a la pobre muchacha. Después de infinitos capítulos donde resolvían todos los crímenes, por fin se lían. Como en "Luz de Luna", ¿se acuerdan? Ya pasábamos directamente de los casos que resolvía Bruce Willis, estábamos totalmente desesperados porque se enrollara de una maldita vez con la rubia de la nariz repingona, otra belleza de la época, la mujer.Pierce no dejó de triunfar y el papel de Remington Steele no le hizo mucho daño en el futuro. Más bien lo benefició... ¿o fue su cara? El caso es que ha sido uno de los James Bond más exitosos de todos, que no son pocos. Ay, Piercito, ay...

Tom Hanks. Con la cara de pringado que tenía en los 80 se metió en el bolsillo a medio mundo. Las chorradas varias tipo "Socios y Sabuesos" o "1, 2, 3... Splash" lo llevaron a la fama en aquella época en la que las pelis, cuanto más absurdas y surrealistas, mejor. De ser el mejor amigo de un perro, pasó a tirarse un pez encarnado por Daryl Hannah. ¿y la gran babosada romántica que interpretó con la cansina Meg Ryan en "Algo para Recordar"? Afortunadamente para él, en los 90 se le brindó la oportunidad de su vida en la película "Philadelphia", que abordaba el tema del SIDA en una sociedad que no estaba preparada ni informada. Con la canción de Bruce Springsteen, fue un exitazo de taquilla y de todo que dio un giro a su carrera, gracias a Dios. Después de eso empezó a ser uno de los mejores actores de Hollywood, pese a quien pese. "Forrest Gump" y "Naúfrago" le dieron dos Óscars que parecen haberle borrado la cara de pringado con la empezó a triunfar. Y lo peor, que con aquella cara se le considerara uno de los guapos oficiales. Eso sí, un guapo gracioso.


Guapos o pseudo-guapos de una época, de mi época. Ay... qué recuerdos...

5.6.08

Pronombres con nombre... Breve historia de una decepción


YO éstaba sola. Me sentía perdida, abandonada.

TÚ estabas sentado en tu toalla, como tantas veces a lo largo de toda mi vida y de la tuya. Pero ese día me estabas esperando. Yo no lo sabía; tú tampoco.

ÉL se había ido.

NOSOTROS teníamos un lazo vital, pero ese día empezó a reforzarse. Te conocí de nuevo. Mejor. Imprescindible.

ELLOS me advirtieron que me cuidara. Que no confiara en ti.


YO no hice caso. Me entregué entera.

TÚ me hiciste feliz cuando no tuviste otra cosa que hacer.

ÉL pasó a ser olvido.

NOSOTROS no necesitábamos nada más ni nadie más. Nuestro pequeño pero (yo no quería saberlo) efímero mundo. Con eso bastaba.

ELLOS se preparaban para verme sufrir.


YO desperté con el Otoño.

TÚ te fuiste para no volver.

ÉL se alegró de que te marcharas y me dejaras sola.

NOSOTROS dejó de existir.

ELLOS no me entendieron.


YO te echo de menos.

TÚ me olvidaste.

ÉL me olvidó.

NOSOTROS ya no hablamos. NOSOTROS ya no nos vemos. NOSOTROS ya no somos nosotros.

ELLOS nunca supieron lo que ocurrió.


Nunca olvidaré cada momento de ese verano.

Nunca me cansaré de intentar olvidar todo lo que ocurrió después.